sábado, 4 de julio de 2009

Ya no se hallaba en el vestíbulo, sino atrapado en el abrazo de una criatura de ojos rojos, tan fuertemente enroscada a su alrededor que Harry no sabía dónde terminaba su cuerpo y dónde empezaba el de la criatura: estaban fusionados, unidos por el dolor, y no había escapatoria... Y cuando la criatura habló, utilizó la boca de Harry, que atenazado por un dolor descomunal notó cómo se movía su mandíbula: -Mátame ahora, Dumbledor...-Cegado y moribundo, deseando soltarse con cada centímetro de su cuerpo, Harry percibió que la criatura volvía a utilizarlo.-Si la muerte no es nada, Dumbledore, mata al chico... Que detenga este dolor -pensó Harry-. Que nos mate. Termine ya, Dumbledore. La muerte no es nada comparada con esto... Así volveré a ver a Sirius... El corazón de Harry se llenó de emoción, y entonces el abrazo de la criatura se aflojó y cesó el dolor. Harry se encontró tumbado boca abajo en el suelo, sin los anteojos, temblando como si estuviera tendido sobre hielo y no sobre madera.

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